Skip to content

Platero y yo

Spread the love

Juan Ramon Jiménez es un maestro. No me atrevía asignar la novelita porque Platero se muere y me duele mucho. Temí y temo no estar preparada porque no estoy segura si reprimir el llanto por Platero es correcto.

Moguer (España). Plaza del Cabildo con las esculturas de Platero y Juan Ramón Jiménez.

Anamín Santiago

ptosenodSruif8fm5it30uhh5f183231c0glu5fgu2 tli2icu28280666ml  · 

No importa qué se piense, quiero compartir su grandeza…

Hace mucho tiempo descubrí para mí que la lectura de Platero y yo podría inspirar el uso máximo de los signos de puntuación de nuestro idioma. Juan Ramon Jiménez es un maestro. No me atrevía asignar la novelita porque Platero se muere y me duele mucho. Temí y temo no estar preparada porque no estoy segura si reprimir el llanto por Platero es correcto.

No obstante, ayer y hoy se realizó el siguiente ejercicio: se le otorgó a cada estudiante copia de las primeras dos partes (La elegía y Paisaje grana). Se les había eliminado todo signo de puntuación. Leyeron el material en silencio. Luego, y en honor a Maricusa Ornés ( profesora de ficción que lo usaba en sus cursos.), leí yo en voz alta imaginando las pausas , exclamaciones, preguntas y puntos suspensivos, todo lo que pude. Procedieron a marcar los signos de puntuación a su mejor parecer. Recogí los papeles. Hoy, luego de hacer los ejercicios del libro de ortografía, volvimos sobre lo contestado. Ya un día más maduros en eso de la puntuación debían auto corregirse. Entonces les repartí el texto con la puntuación original. Debían comparar su apreciación con la del autor. Les dije que podían refutarlo. Fuimos línea por línea. Así diferíamos o coincidíamos con con Juan Ramón Jiménez.

Sin embargo, llegó el momento en que Juan Ramón pone comas antes de la conjunción “y”. Lo hace varias veces en una misma oración. Tremendo lío. ¿Se equivocó? Bueno, entonces hablamos del español académico versus el español poético, del éxtasis que nos crean los perros y los gatitos con su revolcarse en la grama, comer, meterse en las sábanas; les recordé sus mascotas… las caras de los varones cambiaron, la mirada se fue a lontananza, defendieron el estado de ensoñación por cada cosa ingeniosa que hace un perrito o un gatito del que uno está a cargo, te babeas; luego, las mujeres asintieron… Alguien mencionó a los bebés, yo recordé a los cerditos. Alguna vez tuve conocidas que los tuvieron por mascotas. Aprendimos que Juan Ramón sabía babearse por escrito; usar muy bien los puntos y las comas a gusto para alcanzar o quizás a penas rozar con el lenguaje cuando eres tú quien se eclipsa por la grandeza de tu mascota y no al revés.

Va funcionando la cosa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *