Skip to content

¿Por qué crecen los comunistas en la ciudad de Mozart?

Spread the love

En la ciudad de Mozart hay un curioso renacimiento de la izquierda. Al igual que en otros municipios austríacos, los comunistas de Salzburgo están logrando un progresivo crecimiento, anclándose en una propuesta socialista democrática encarnada en jóvenes candidatos que se han hecho conocidos por resolver problemas concretos de los ciudadanos, antes que por largos discursos sobre la lucha de clases.

Günther Pallaver

Cuando uno piensa en Salzburgo, le viene a la mente el genio musical de Wolfgang Amadeus Mozart o el talento del gran director de orquesta Herbert von Karajan, y piensa en la tranquila y algo sofocante Ciudad de los Festivales, punto de encuentro internacional del jet-set cultural.

Pero detrás de los estereotipos, Salzburgo esconde otra cara: la de la ciudad roja. Desde 1945 hasta hoy, Salzburgo ha sido administrada casi ininterrumpidamente por alcaldes socialdemócratas. Tras un breve interludio en el que estuvo gobernada por un alcalde del conservador Partido Popular (ÖVP, por sus siglas en alemán), el Partido Socialdemócrata (SPÖ) volvió a ser el primer partido de la ciudad en las últimas elecciones locales, celebradas a principios de marzo de 2024, aunque con una estrecha ventaja sobre el Partido Comunista (KPÖ). Antes de la segunda vuelta entre el candidato socialdemócrata, Bernhard Auinger, y el candidato comunista, Kay-Michael Dankl, la distancia entre ambos partidos era estrecha: 25,6% para los socialdemócratas y 23,1% para los comunistas.

En las elecciones municipales de 2019, la lista «KPÖ Plus», nuevamente con Dankl como su candidato principal, solo había logrado un 3,8% en la ciudad de Mozart. Sin embargo, para los comunistas ese fue solo un primer paso para retornar al Consejo Municipal de Salzburgo, del que habían estado ausentes desde 1962. En las elecciones de 2024, aumentaron su caudal de votos de forma impresionante, logrando conquistar 19,3%.

Tras este resultado, llegó a especularse con la posibilidad de que Salzburgo se convirtiera en la segunda capital regional, después de Graz, administrada por un alcalde comunista. Si esto no ocurrió fue porque, advirtiendo ese peligro, los partidos llamados «burgueses», es decir, el ÖVP y los nacional-liberales del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), instaron a sus votantes a «taparse la nariz» y votar al candidato socialdemócrata en la segunda vuelta. Al final, Auinger se impuso con 62,5% de los votos frente a 37,5% de Dankl.

Como en Salzburgo rige el principio de representación proporcional, el gobierno de la ciudad se forma en función de la fuerza de los partidos en el Consejo Municipal. Los socialdemócratas, con 10 concejales, eligieron al alcalde; los comunistas, con 9 escaños, al teniente de alcalde. Lo que está claro es que, ahora, el KPÖ constituye una fuerza importante en el gobierno de la ciudad.

Salzburgo no es un caso aislado. Graz, la segunda ciudad más grande de Austria y capital de Estiria, está dirigida desde 2021 por la alcaldesa comunista Elke Kahr, luego de que el KPÖ obtuviera 28,86% de los votos. En otras grandes ciudades, los comunistas también consiguieron representación en los consejos municipales.

El fenómeno es un tanto curioso, ya que la presencia del KPÖ en el imaginario público austriaco es muy débil. El partido, fundado en 1918, es uno de los partidos comunistas más antiguos y no cambió de nombre ni siquiera tras la implosión de la Unión Soviética y los regímenes comunistas a inicios de la década de 1990. Desde el final de la guerra hasta 1947, los comunistas fueron socios de coalición en el gobierno austriaco de unidad nacional, pero en las primeras elecciones generales de 1945 obtuvieron poco más de 5% de los votos. Incluso en la época en la que en algunos países de Europa se establecía la alternativa eurocomunista, el KPÖ siguió siendo un partido leal a la Unión Soviética y recién en 1994 se distanció del socialismo real y condenó los crímenes de la era estalinista. Hoy, el partido defiende el socialismo democrático y considera que este debe alcanzarse mediante reformas y no mediante la revolución.

El KPÖ no tiene representación en el Parlamento federal desde 1959 y, desde entonces, sus votos en las elecciones generales han rondado el 1%. Los comunistas tampoco han tenido un rol en los consejos regionales, pero tras una larga ausencia han vuelto a conseguir representación, aunque con pocos escaños, en Estiria desde 2005 y en Salzburgo desde 2023. El repunte actual de los comunistas no se produce, por tanto, ni en el nivel estatal/federal ni en el nivel regional, sino municipal.

Las razones de este repentino repunte residen en las políticas muy específicas de este partido. Su receta es sencilla: ayudar concretamente a la vida de la gente en lugar de limitarse a hacer promesas, no inquietarse en tiempos de inflación y temores existenciales, sino apoyar a los ciudadanos corrientes y generar confianza. La imagen de los militantes del KPÖ podría estar a medio camino entre la de los trabajadores sociales y la de los políticos: una especie de «Cáritas política». Los buenos resultados no han llegado por hacer promesas vacías, sino por la adopción de compromisos concretos. Los activistas del KPÖ escuchan a la gente, se toman en serio sus preocupaciones, se ponen manos a la obra y cumplen sus compromisos.

Aunque en sí mismas, estas no deberían constituir cualidades únicas del KPÖ, los demás partidos parecen haberlas perdido. Es precisamente este compromiso social lo que aprecian muchos votantes que, de otro modo, no tendrían nada en común con el partido.

Este trabajo cotidiano se lleva a cabo bajo la bandera comunista, pero en muchos casos las secciones locales del KPÖ no están tan alineadas ideológicamente con los cuadros políticos nacionales del KPÖ. Aunque su hogar político es el KPÖ, los miembros y activistas del partido en los municipios se organizan con bastante autonomía, con una fuerte conexión con el territorio, y no permiten que el comité central del partido, que tiene sede en Viena, interfiera demasiado en su política.

Un buen ejemplo es el del referente local y candidato a alcalde del partido, Kay-Michael Dankl. Procede del Partido Verde, por lo que no se formó en la cultura política comunista. Le gusta más el trabajo concreto que los largos debates ideológicos. Dankl fue expulsado del Partido Verde por ser demasiado crítico. Todavía hoy sigue siendo molesto y, gracias a esa actitud, ha conseguido la simpatía de muchos votantes de su antiguo partido. Pero Dankl y los suyos también han conseguido movilizar a un amplio sector de votantes que antes no acudía a las urnas. En las elecciones municipales de Salzburgo, el KPÖ se presentó en una alianza con pequeños partidos y movimientos, por lo que agregó la palabra «Plus» a las siglas del partido.

Dankl es historiador y guía de museos, y se viste usualmente con un suéter bordó. No hay nada agresivo en él, nada que recuerde a la «lucha de clases», por lo que su imagen no provoca aversión en ningún entorno político-cultural. El joven de 35 años representa un nuevo tipo de comunista. Al igual que la alcaldesa de Graz, también del KPÖ, Dankl dona gran parte de su sueldo a los necesitados, quedándose con unos 2.000 euros al mes. El año pasado invirtió 26.000 euros en iniciativas benéficas. Cáritas, en el sentido original del término. Este tipo de actitudes le suman credibilidad. Y, aunque él afirma abiertamente que lucha contra «los especuladores y los ricos», los comunistas de Salzburgo prefieren hablar de viviendas municipales y asequibles en lugar de demandas de expropiación.

Cuando se trata de resolver un problema a escala local, los votantes se apresuran a inculpar a los distintos partidos. Por eso prefieren votar a un partido de izquierda que los ayude a rellenar el formulario para una vivienda social que a un partido de derecha rabioso que le eche la culpa de la escasez de vivienda a las familias inmigrantes del extranjero.

Nota: la versión original de este artículo en italiano se publicó en Il Mulino el 15/04/2024 y está disponible aquí. Traducción: Mariano Schuster

Relacionados

La izquierda ante la desintegración del orden mundial

Artem Remizovskyi

¿De la indignación al miedo?

Reflexiones sobre el doble rechazo constitucional chileno

Tomás Leighton

Bélgica: ¿un exitoso Estado fallido?

Anton Jäger

Las dos Alemanias, Israel y la razón de Estado

Daniel Marwecki

Sahra Wagenknecht divide a la izquierda en Alemania 

Lauren Stokes

En este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *