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Reseña de “La hora de la libertad”, de Rubén Berríos et al.: desnuda la crisis política, económica y moral de Puerto Rico

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Exploramos a fondo los ensayos que componen este libro revelador, desmitificando la creencia de que se trata solo de una obra independentista

Ruben Berríos tiene tres ensayos en esta publicación.

sábado, 9 de diciembre de 2023 – 11:40 p.m.

Por Carmen Dolores Hernández El Nuevo Dia

“La hora de la libertad”

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Es posible que muchos, en esta isla de espejismos y confusiones, se abstengan de leer este libro, creyendo que se trata de aún otra arenga de los independentistas que -si bien a menudo se han quedado cortos de votos- nunca han carecido de palabras.

No es así. Los primeros tres ensayos, escritos por Rubén Berríos, presidente del PIP, reiteran las posiciones del independentismo, con sus reclamos de libre determinación para alcanzar un “status” definitivo. Los restantes –”Del colonialismo a perpetuidad a la descolonización” por Fernando Martín García; “Del engaño colonial a la libre determinación y la independencia” por Carlos Iván Gorrín Peralta; “La independencia: interdependencia equilibrada y nuevo modelo de desarrollo económico”, por Francisco Catalá Oliveras y Edwin Irizarry Mora y “Puerto Rico frente a Washington” por Manuel Rodríguez Orellana– presentan con claridad y contundencia las razones por las cuales la actual situación colonial del país ha culminado en una bancarrota no solo económica, sino política y -aún peor- moral.

Nadie que viva hoy en Puerto Rico puede negar el deterioro general de absolutamente todas las facetas de la vida pública. Nadie puede sustraerse de sus efectos. Nadie puede albergar grandes esperanzas para el futuro. La estructura misma del gobierno bipartidista, constreñido por las condiciones coloniales, garantiza la continuidad del desastre.

Por eso, cuando estos ensayistas explican que las estructuras gubernamentales son las que nos han traído a este punto cero de nuestra trayectoria, tendríamos que darles, por lo menos, el beneficio de una lectura con la mente abierta. Sus planteamientos serios, bien elaborados, tocan áreas fundamentales como el ordenamiento constitucional (Martín y Gorrín Peralta), el modelo económico de desarrollo dependiente (Catalá e Irizarry Mora) y el tenor de nuestras relaciones con Washington (Rodríguez Orellana).

Gorrín Peralta, por ejemplo, explica el origen y desarrollo del colonialismo estadounidense, fundamentado en una contradicción: el impulso de adquisiciones territoriales que llevó a una joven república (poco después de romper sus propios lazos coloniales con la Gran Bretaña) a convertirse en un imperio. Estados Unidos justificó la conquista de tierras no contiguas que no tenía intención de integrar a la nación inferiorizando esas “nuevas posesiones” pobladas por gentes de otras culturas y razas y que hablaban otras lenguas. Esa actitud persiste, subyacente, hasta hoy. Reiterada a lo largo de 125 años de dominio sobre Puerto Rico, nos ata a perpetuidad a la voluntad del Congreso. ¿Admitir a la Unión un estado insular, pobre, cada vez más dependiente, racialmente mixto e hispanoparlante? No way.

Por otra parte, el ELA se predicó sobre un engaño: el que le practicaron los EEUU a la ONU, presentando la fórmula como un pacto, aunque siempre estuvo sujeto a contingencias relacionadas con la política interna de aquella nación.

Así hemos llegado -quiebra mediante- a una situación de suma dependencia, sujetos a una Junta de Supervisión Fiscal con poderes superiores a los de cualquier funcionario o facción política puertorriqueña. (La gestión irresponsable de nuestros propios gobernantes fue el detonante inmediato de esta debacle.)

En “La independencia: interdependencia equilibrada y nuevo modelo de desarrollo económico”, un ensayo que todos los puertorriqueños debían leer, Catalá e Irizarry Mora analizan cómo ha funcionado una economía completamente dependiente de inversiones extranjeras que organizaron “enclaves coloniales” sucesivos de manufactura liviana, petróleo, productos farmacéuticos y privilegios tributarios mediante la Sección 936. Nada de ello ha dependido de la agencia o de inversiones puertorriqueñas. (La ley 22, alegan los autores, fue otra manifestación del desarrollo dependiente.)

Como tales enclaves no establecieron “una base productiva sostenible que logre la activación de los recursos nacionales” el saldo ha sido la emigración, la creciente dependencia y el endeudamiento. Hemos ido de fracaso en fracaso mientras se ensanchaba la brecha económica entre ricos y pobres.

Si añadimos lo que señala Rodríguez Orellana sobre la “negligencia benigna” con que Estados Unidos ha tratado los problemas de Puerto Rico, resulta evidente que más que en una crisis pasajera, vivimos en un estado crítico permanente.

¿Qué hacer? Los autores proponen una independencia interdependiente que nos inserte dentro de las corrientes culturales, políticas y económicas mundiales, sacándonos de la órbita de un solo país y eliminando el sambenito colonial de siglos.

La mayor dificultad es el miedo atávico a la independencia que -con la adicción a la dependencia- son condiciones generalizadas entre la población puertorriqueña. Quizás sean fruto de cinco siglos de coloniaje, régimen que -por definición- inferioriza a los colonizados y los aísla del intercambio con otros países del mundo. Quizás sea el temor ante el fracaso patente de países vecinos cuyas actitudes confrontacionales los han llevado a la ruina. O quizás -y pesa bastante – sea que la trayectoria de ineptitud y corrupción de una larga lista de líderes puertorriqueños deja a muchos preguntándose (como Diógenes) si existen en la Isla personas capaces de asumir, con honradez, un cargo de autoridad sin volverse autoritarios.

El miedo paraliza. Hay que enfrentarlo, sin embargo, racionalizándolo y asumiendo -personal y colectivamente- posiciones y actitudes cónsonas con nuestra realidad. Y reconociendo, además, que negociando se llega más lejos que peleando.

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