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SOMBRAS NADA MÁS

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Javier Milei empezó su presidencia prometiendo un shock de ajuste que implicará por lo menos dos años de derrumbe económico, altísima inflación, aumento de la pobreza y caída del empleo y los salarios. Ya no habló de que pagará “la casta” sino el Estado y que las medidas que adoptará resultarán muy duras para el conjunto de la población que tendrá que aportar “dolorosos sacrificios”

Por Melisa Molina Página 12

De espaldas al Congreso de la Nación, y frente a un público que vitoreó y festejó las cinco veces que prometió un ajuste brutal, el presidente Javier Milei dio el discurso inaugural de su gestión. En las escalinatas del Congreso, tras jurar en el recinto, y rodeado de algunos presidentes y dirigentes de otros países, dijo sin eufemismos: “No hay plata, por eso no hay alternativa al ajuste y al shock. Naturalmente eso impactará de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes y habrá estanflación”. Los presentes, que lo escuchaban desde la Plaza del Congreso, aplaudían efusivos.

Imagen: Leandro Teysseire

Luego de 32 minutos de discurso, el Presidente de ultraderecha se subió a un auto convertible con su hermana Karina Milei y se dirigió a Casa Rosada. Allí, asomado al balcón del despacho presidencial, agregó: “Los argentinos de bien hemos decretado el fin de la noche populista“. En ningún momento hizo mención a las leyes que enviará al Congreso. Tampoco dio detalles de su programa económico, más allá de anticipar que traerá pobreza y desocupación, no habló de otras medidas que impulsará, ni de política exterior.

“Hoy damos por terminada una larga y triste historia de decadencia. Los argentinos, de manera contundente, han expresado una voluntad de cambio y ya no hay retorno“, arrancó el flamante Presidente. Luego cuestionó que “durante 100 años los políticos han insistido en defender un modelo que lo único que genera es pobreza, estancamiento y miseria”. Dijo: “Así como la caída del Muro de Berlín marcó el final de una época trágica para el mundo, estas elecciones han marcado el punto de quiebre de nuestra historia”.

Milei se tomó varios minutos para hablar de la “herencia” que recibirá “del kirchnerismo”. “Nos dejan déficits gemelos por 17 por ciento del PBI”, dijo y expresó que “la solución implica un ajuste fiscal de 5 puntos del PBI en el sector público nacional que, a diferencia del pasado, caerá casi totalmente sobre el Estado y no sobre el sector privado”. Y añadió: “El gobierno saliente nos ha dejado una hiperinflación y nuestra máxima prioridad es hacer todos los esfuerzos para evitar semejante catástrofe. No hay solución alternativa al ajuste“, insistió.

Minutos después, por si no se había entendido, Milei agregó que “debe quedar claro que no hay alternativa posible al ajuste”, pero la segunda vez especificó: “Tampoco hay lugar a la discusión entre shock y gradualismo. En primer lugar -argumentó-, porque todos los programas gradualistas terminaron mal”. En segundo lugar, “porque si un país carece de reputación, como es el caso de la Argentina, los empresarios no invertirán hasta que vean el ajuste fiscal”. En tercer lugar, añadió que “para hacer gradualismo es necesario que haya financiamiento y no hay plata”. El público aplaudía. “La conclusión es que no hay alternativa al ajuste y al shock”, disparó por tercera vez el Presidente y prometió que “este es el último mal trago para comenzar la reconstrucción de Argentina”. 

“Milei, querido, el pueblo está contigo”, cantaban sus seguidores. Habían comenzado a congregarse en la Plaza del Congreso desde las 10 de la mañana. A lo largo de la Avenida de Mayo había vendedores ambulantes con banderas amarillas, muñecos con la cara de Milei y remeras con distintas frases: desde “Viva la libertad carajo”, “No hay plata” y “Elijo creer”, hasta “Dios, motosierra y trabajo”. Otros vendían banderas mitad de Argentina y mitad de Estados Unidos y también algunas con la imagen de un dólar gigante con la cara de Milei. No faltaron las de Corporación América.

También hubo varios que confeccionaron sus propios carteles. Uno, por ejemplo, decía “No a la agenda 2030”. Otro tenía una bandera gigante que consignaba: “No te metas con mis hijos”. “Tenemos mucha expectativa. La situación está mal y estamos de acuerdo con todo. Hay que aguantar el cimbronazo. No queda otra, lo otro era una mentira”, decía un hombre que cargaba en sus brazos a su hija. Una señora de unos 60 años, que no dejaba de tocar la corneta, agregaba: “Hay que bancársela, no queda otra. No podemos cambiar en un día lo que se hizo mal en cien años. Dieciocho años de kirchnerismo en los que se robaron todo. Por supuesto que nos la vamos a aguantar”.

Sobre las escalinatas, Milei intentaba esbozar su plan: “Luego del reacomodamiento macro que vamos a impulsar, el cuál será menos doloroso cuanto mayor sea la caída del riesgo país y cuanto mejor sea nuestra contención desde el Ministerio de Capital Humano, la situación comenzará a mejorar”. “Habrá luz al final del camino”, se ilusionó el libertario, apelando una frase símbolo del gobierno de Mauricio Macri, pronunciada en 2016 por la entonces vicepresidenta Gabriela Michetti.

El Presidente contrastó sus planes con “la propuesta sensiblera progresista”, a la que equiparó “con la oscuridad de la Venezuela de Chávez y Maduro”, y aprovechó para introducir, por cuarta vez, su anuncio de ajuste: “No pueden quedar dudas de que la única opción es el ajuste. Un ajuste que caiga con toda su fuerza sobre el Estado y no sobre el sector privado“, repitió. El público seguía con los aplausos. Milei admitió que los tiempos que vienen “serán duros”, y citó a Julio Argentino Roca: “Nada grande, estable y duradero se conquista si no es a costa de supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios”, dijo.

El “libertario” enumeró la situación en otras áreas, pero no hizo propuestas. Empezó por seguridad: “Argentina se ha convertido en un baño de sangre. Los delincuentes caminan libres mientras los argentinos de bien se encierran tras las rejas. El narcotráfico se apoderó de nuestras calles. Nuestras fuerzas de seguridad han sido humilladas”, dijo y aseguró que “se acabó con el siga siga de los delincuentes”. Los manifestantes en la plaza gritaban: “Policía, policía”. 

Sobre educación, un ministerio degradado a secretaría, Milei dijo: “Solo el 16 por ciento de nuestros chicos se reciben en tiempo y forma en la escuela”. Sobre salud, otra de las áreas recortadas, cuestionó: “El sistema se encuentra completamente colapsado, los hospitales destruidos, los médicos cobran miseria y los argentinos no tienen acceso a salud básica”, dijo y criticó el manejo del gobierno de Alberto Fernández durante la pandemia. Entre los planes de Milei, según trascendió, está liberar el precio de las cuotas de la medicina prepaga. 

No buscamos ni deseamos las duras decisiones que habrá que tomar, pero lamentablemente no nos han dejado opción“, se victimizó Milei. Los presentes cantaban: “Sí, se puede”. “La situación empeorará, pero luego veremos los frutos de nuestro esfuerzo”, volvió a advertir. Casi al final citó al que considera “máximo prócer de las ideas de la libertad”, Alberto Benegas Lynch (hijo): “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social”. Ese, aseguró,es “el nuevo contrato social que eligieron los argentinos”, para “un país en el que el que las hace las paga y el que corta la calle no recibe asistencia”.

Por último, adelantó que no perseguirá “a la clase política”, y que no viene “a saldar viejas vendettas ni a discutir espacios de poder”, aunque advirtió: “No vamos a tolerar que la hipocresía, la deshonestidad o la ambición de poder interfieran con el cambio que los argentinos elegimos”. Invitó a sumarse a su proyecto “a todos los dirigentes políticos, sindicales y empresariales que quieran”. La gente cantaba: “Olé, olé, olé, olé, Milei, Milei”. El Presidente recordó que era el día de la fiesta de Janucá -omitió que también era el Día de los Derechos Humanos- y finalizó: “Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío. Será difícil, pero lo vamos a lograr. ¡Viva la libertad, carajo!”. “¡Viva!”, corearon desde la plaza.

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