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Un Schengen militar

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EEUU exige a los países de la Unión Europea un incremento en sus gastos militares. Algunos países europeos actúan como si la guerra fuera a empezar en cualquier momento. El futuro ejército europeo empezará con un Schengen militar. El enemigo es Rusia.

Pasos adelante para una UE armada en la OTAN

Por Gigi Sartorelli El Viejo Topo

El 31 de enero, en Bruselas, al margen de una reunión entre ministros europeos de Defensa, Holanda, Alemania y Polonia firmaron una declaración de intenciones para crear un corredor militar entre los tres países. El acuerdo está abierto a otros posibles participantes y pretende facilitar y acelerar el movimiento de material y tropas de un lado a otro del continente.

La burocracia en las fronteras y la insuficiencia de las infraestructuras son los principales problemas. Por ello, los firmantes del acuerdo pretenden normalizar las condiciones de los movimientos militares, lo que en concreto significa simplificar los controles fronterizos, dar prioridad a los convoyes militares y, en general, reducir la normativa burocrática sobre movimientos de armas.

Boris Pistorius, ministro de Defensa alemán, afirmó que por ahora el interés se centra en las conexiones de «los puertos del Mar del Norte con el flanco oriental de la OTAN, especialmente expuesto«, en referencia al enfrentamiento con Moscú. Pero todos señalaron que se trata sólo de un paso en un proceso que debe conducir a un «Schengen militar«.

Władysław Kosiniak-Kamysz, Vicepresidente polaco, llegó a pedir una «unificación de los procedimientos para toda la UE y la OTAN» (en otras palabras, anteponer lo militar a lo político y económico).

Después de todo, a finales de noviembre de 2023, Alexander Sollfrank, jefe del mando logístico de la OTAN que operará en Europa a partir de 2021, había exhortado a los países del continente evocando precisamente un «Schengen militar«.

«Lo que no hagamos en tiempos de paz no estará listo en caso de crisis o guerra«, dijo, pero conviene hacer importantes precisiones sobre estas palabras. Al igual que es bueno recordar que el Schengen militar es deseado principalmente por nuestros imperialistas, y data de mucho antes de la operación rusa en Ucrania.

Procedamos por orden. Las medidas del acuerdo relativas a la racionalización de la burocracia son importantes, pero sólo en tiempos de paz. Si estallara un conflicto en el Báltico, ¿quién piensa realmente que las tropas euroatlánticas tendrían que esperar a que el funcionario local comprobara sus documentos antes de ir al frente? Los mecanismos funcionarían bajo un régimen completamente distinto del actual.

A lo que Sollfrank se refiere está plasmado en una parte específica del acuerdo, la relativa al apoyo logístico material a lo largo de las rutas de viaje: zonas y almacenes para combustible, armas, municiones, artículos de primera necesidad, etc.

En resumen, Ámsterdam, Berlín y Varsovia están estudiando la forma de garantizar la circulación de vehículos y equipos pesados, que no pueden pasar por ninguna carretera o vía férrea.

Es la logística –la infraestructura para llevar lo que se necesita donde se necesita rápidamente– el quid del Schengen militar, y hasta ahora también el principal punto delicado. La UE lleva años trabajando en ello, mucho antes de febrero de 2022 y con la idea de desarrollar su propia defensa, si no más allá, desde luego junto al paraguas de la OTAN.

En 2017, la Iniciativa de Movilidad Militar fue aprobada casi de inmediato por todos los miembros de la UE como uno de los primeros proyectos de la PESCO, una primera fórmula de cooperación europea en materia de seguridad y defensa. Ya en marzo de 2018, la Comisión Europea presentó un plan de acción, con fondos para adaptar puentes, túneles y otras instalaciones a tanques y otros medios.

La prioridad decidida en Bruselas fue orientar incluso las inversiones en infraestructuras según una lógica de doble uso: sólo se hace algo en el ámbito civil si también es útil para la guerra.

O si sólo es útil para la guerra, como el TAV, que, aunque ahora se ha demostrado ampliamente que no es rentable económicamente, se espera que sea un importante corredor estratégico-militar (¿qué otra cosa necesita ir sin obstáculos «de Lisboa a Kiev»?).

Así pues, el deslizamiento hacia una economía de guerra hace tiempo que ha comenzado, y no es el resultado de conflictos específicos, sino de la tendencia del capital en crisis a encontrar soluciones únicamente en el uso de la fuerza. En la destrucción y la reconstrucción, en la canibalización de porciones de mercado antes inaccesibles.

Si a esto añadimos las aspiraciones autonomistas de la UE, tenemos el cuadro completo. Una carrera hacia el abismo de la guerra cuyos costes corren todos a cargo de los sectores populares.

Fuente: contrapiano.org

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Un mundo sin guerras. Domenico Losurdo

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