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Una mala novela cierra el libro de Félix Ojeda La protesta armada

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Cuando se “protesta“ se reacciona a algo que alguien hizo, la lucha armada es mucho más que eso: es ofensiva, la iniciativa es de quienes toman las armas…

Una mala novela cierra el libro de Félix Ojeda La protesta armada

Cuando se “protesta“ se reacciona a algo que alguien hizo, la lucha armada es mucho más que eso: es ofensiva, la iniciativa es de quienes toman las armas…

por Ángel M. Agosto, exsubsecretario general del PSP y Director-Editor de Nueva Pensamiento Crítico

No siempre se encuentra uno con una historia real que termina en novela… sin atención alguna a la verosimilitud. Tal es el caso del libro de reciente publicación La protesta armada, del compañero Félix Ojeda.

El enfoque correcto respecto de lo que significó aquella transformación del MPI a PSP lo trae Guillermo Morejón en la introducción del libro. Si se examina con cuidado el texto que trae Morejón se podrá apreciar una diferencia radical de enfoque.

Una visión patriótica independentista, alejada de la lucha social protagonizada por los trabajadores, domina la obra de Ojeda, de principio a fin. Ello no le permite apreciar el gran salto histórico que representó el paso del Movimiento Pro Independencia (MPI) a Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) en 1971. El libro pretende ignorar ese período de lucha de clases intenso de los años 1971 al 1976, en el que “no hubo fuerza mayor para la revolución en Puerto Rico” (Ángel M. Agosto: Lustro de gloria).

Afirma Ojeda que la CAL “desapareció sin explicación alguna” en 1972, desconociendo el hecho de que la Comisión Política del PSP tomó la decisión política de dejar de usar el nombre CAL, pero seguir operaciones armadas en apoyo a las innumerables huelgas obreras de la época, porque ya habíamos pasado a ser eso, un partido de los trabajadores.

Esa conversión de MPI a “partido obrero”, se aclaró en la época hasta el cansancio, no significaba que seríamos un partido electoral. La acepción de partido era leninista: una fuerza revolucionaria a la cabeza de las masas para derribar el sistema capitalista. El debate sobre la participación o no en las elecciones generales de 1972, y de qué forma se participaría, vino después de constituido el partido, y tuvo lugar en el marco de que la participación electoral de un partido comunista es una cuestión puramente táctica y se maneja con flexibilidad y conforme a las circunstancias específicas en cada momento.

Ello fue parte del proceso dirigido a estructurar un ejército popular necesario en su día para la toma del poder, según la línea política del PSP entonces. Estaba planteada, por tanto, una nueva concepción organizativa de las estructuras armadas, afín con la visión de que es el partido el mando supremo. A esos efectos fue que se amplió en 1973 la Secretaría General del PSP, a modo de Comando Central de las nuevas estructuras armadas en formación.

Por eso vemos tantas e innumerables acciones armadas vinculadas a la lucha de clases aún después de la “desaparición“ de los CAL, durante esos años intensos de 1972 a 1976. Como “protesta”, ¡claro que desapareció la CAL! Nacía una nueva fuerza ofensiva del proletariado encaminada a un cambio radical del sistema capitalista colonial, con miles de mujeres y hombres no solo empuñando las armas, también los instrumentos de análisis de dicha sociedad de explotación. Y, a la cabeza del proceso, un partido del proletariado en años en que esta clase era mayoría social dentro del grupo trabajador del país.

Otras son las causas de la hecatombe ocurrida en 1977 dentro del PSP, no que un puñado de desafectos trataron de robarse los haberes, armas y explosivos, como sostiene la mala novela con la que lamentablemente Ojeda cierra el libro.

Incluimos aquí el excelente trabajo del historiador Guillermo Morejón que a nuestro juicio contiene el enfoque correcto del “lustro de gloria”.

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