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Vieques, ¿futuro minado?

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Se supone que una isla bañada por el mar Caribe es un lugar apacible y seguro, con fabulosas playas donde relajarse. En cambio, el aparente paraíso de Vieques en Puerto Rico, una isla supuestamente protegida por la bandera de barras y estrellas, está plagada de explosivos sin detonar y peligrosamente contaminada con metales pesados por los incesantes bombardeos que soportó durante décadas como campo de pruebas de la Marina de EE.UU. ¿Quién protege a los viequenses de sus ‘protectores’?

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Enviado por Manuel E. Meléndez Lavandero

RT

La pequeña isla puertorriqueña de Vieques, ubicada a poco más de 10 kilómetros de la isla grande, sirvió como campo de pruebas para la Marina de EE.UU., que ocupó el 75 % de su territorio desde 1941 hasta el 2003, lanzando decenas de miles de bombas y cometiendo incontables abusos contra la población.  

Aunque hayan pasado más de 20 años desde que los estadounidenses abandonaron el lugar oficialmente, los viequenses todavía conviven con la constante amenaza de miles de explosivos enterrados y sin detonar, a la vez que son testigos del aumento de metales pesados en sus cuerpos y de enfermedades. 

La corresponsal de RT Helena Villar se trasladó a este rincón caribeño para descubrir los efectos de la militarización en la vida de sus habitantes, quienes continúan luchando por el reconocimiento de los años de abusos, por evitar que su sufrimiento quede en el olvido y, más importante, por recuperar su territorio contaminado y su tranquilidad.

Territorio limitado

Tras la ocupación de la isla, la Marina dividió el territorio en tres: en el centro vivía la población civil, a un lado establecieron una zona de prácticas de tiro donde actualmente el acceso es restringido por el peligro de encontrarse con municiones peligrosas, y en el otro se encontraban sus arsenales en búnkeres de hormigón que aún siguen instalados en la isla.  

Ahora, esta zona está abandonada casi por completo y no se utiliza, lo que levanta sospechas para algunos y el temor de que el Gobierno de EE.UU. en cualquier momento vuelva al lugar, ya que, a pesar de haberse retirado, el 66 % del territorio aún le pertenece.  

Gran parte del territorio de la isla continúa vetado para los residentes, pero no para a la Administración estadounidense. La estudiante de Ciencias Ambientales Andrea Malavé expresó su frustración con las limitaciones: «He crecido conociendo que hay un límite de que no puedo pasar y con el miedo de que si pasas ese límite te puede explotar una mina, una bomba […] no puedo ver mi tierra, mis playas, […] no he tenido el privilegio de poder visitarlas».

Los viequenses se están muriendo

Durante más de 60 años, la Marina lanzó más de dos millones de kilos de municiones anuales en la isla y el agua alrededor de la misma, desprendiendo sustancias y agentes contaminantes que están envenenando a los habitantes. Jorge Colón, profesor de Química Inorgánica, explica que se ha encontrado presencia de componentes de bombas, como plomo, arsénico, mercurio y cadmio. Además, en la isla se realizaron pruebas con bombas de napalm, agente naranja y uranio reducido.

Y aún quedan miles de municiones sin detonar, cuya desactivación por el Gobierno estadounidense consiste en hacerlas explotar a cielo abierto, lo que continúa contaminando la isla, con su última promesa, el Gobierno asegura que la limpieza de bombas durará por lo menos hasta el 2032.

Por su parte, EE.UU. siempre ha negado que los efectos de la militarización extrema en la isla estén o hayan afectado de alguna forma la salud de la población, sin embargo, los viequenses se están muriendo. La isla es un foco de cáncer, enfermedades renales y asma. Una serie de investigaciones independientes han descubierto que los residentes de la isla tienen un 27 % más de probabilidades de padecer cáncer que los del resto de Puerto Rico.    

Abusos sexuales

Otro de los atropellos contra los viequenses fue el abuso sexual contra las mujeres por parte de los militares, historias que durante años han sido silenciadas. La veterana del Ejército de EE.UU. Monisha Ríos, que fue abusada, afirmó que se sintió identificada al descubrir la historia de Vieques. «Eso me ayudó a conectar todos los puntos y a darme cuenta de que no, EE.UU. no es nada de lo que dice ser. No representa nada de lo que proclama, de hecho, es todo lo contrario», afirmó.

En 2005, una demanda colectiva presentada por los residentes de Vieques contra la Marina no fue aceptada ante la Corte Suprema de EE.UU. Sin embargo, en 2013, la Alianza de Mujeres Viequenses, decidieron intentarlo de nuevo, esta vez ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde sí fue admitida. Aunque es un caso muy complejo, como explica la abogada defensora Annette Martínez, los viequenses seguirán luchando contra la ocupación y para que su isla viva la libertad y obtenga justicia y reparación.

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